NOTOFILIA Numismática y Notafilia
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Ilustración de las monedas de lazareto en Colombia: mapa, Caño de Loro, Contratación, Agua de Dios, el Hospital San Lázaro, monedas con la cruz de San Lázaro y la leyenda «Aislamiento también fue esperanza».

Colección virtual

Numismática de los Lazaretos

Un ensayo sobre los lazaretos de Caño del Loro, Contratación y Agua de Dios, y sobre la moneda que el Estado acuñó para que no saliera del cordón sanitario.

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En la colección

Dos ejemplares publicados: el 2 centavos de cuproníquel de 1921 y un 50 centavos fechado 1931, con la cruz de los lazaretos. Esa fecha no está en KM, Hernández ni Restrepo. Las demás denominaciones siguen sin ficha.

  1. Anverso y reverso del 2 centavos de lazareto de 1921: cruz con LAZARETO y fecha, y el valor 2 entre ramos.

    2 centavos · Lazareto · 1921

    1921 · Cuproníquel (tipo) · Bogotá

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  2. Anverso y reverso del 50 centavos de lazareto fechado 1931: cruz con LAZARETO gastado y fecha, y el valor 50 entre ramos.

    50 centavos · Lazareto · 1931

    1931 · No determinado en este ejemplar · Sin marca de ceca en el disco

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Introducción: la lepra y la arquitectura del pánico moral

La enfermedad de Hansen, conocida bajo el estigma de la lepra, es uno de los fenómenos epidemiológicos y socioculturales más complejos de la historia. Los orígenes de esta patología infecciosa crónica, causada por el bacilo Mycobacterium leprae y la variante Mycobacterium lepromatosis, se rastrean por la genómica y la arqueología hasta África Oriental y la India, con evidencias en restos óseos de hace más de cuatro mil años.1 La propagación del bacilo siguió las rutas del comercio, la migración, las campañas militares y la peregrinación a través del continente euroasiático.2 La carga social de la enfermedad fue moldeada, además, por la teología occidental. La traducción latina de la Biblia, la Vulgata, usó la palabra «lepra» para el término hebreo zara'at y consolidó un mandato de impureza ritual: los afectados debían vivir segregados y someterse a la inspección de las autoridades religiosas.2

Esa amalgama de patología y castigo divino cruzó el Atlántico a finales del siglo XV. Los europeos y la trata transatlántica de esclavos africanos introdujeron la enfermedad en América y el Caribe.2 En el territorio de la actual Colombia, la lepra ingresó por el puerto de Cartagena de Indias y abrió una crisis de salud pública que el Estado enfrentaría, siglos más tarde, con una maquinaria de control biopolítico sin precedente en la región.4

La respuesta estatal no se limitó a la clínica. Mutó hacia un sistema punitivo de segregación absoluta. La piedra angular fueron los lazaretos, o leprocomios: asentamientos aislados y custodiados donde los pacientes perdían derechos civiles y quedaban recluidos de por vida.3 En el ápice de ese andamiaje higienista surgió un fenómeno extraordinario de la historia económica. Impulsado por el temor a que los objetos inanimados actuaran como vectores de contagio, el gobierno de Colombia acuñó una moneda de circulación exclusiva para los leprosarios.7 Las «coscojas», piezas con la cruz de San Lázaro, dejaron de ser solo un medio de cambio y se erigieron como frontera material entre el mundo de los sanos y el universo confinado de los enfermos.9

El análisis de Caño del Loro, Contratación y Agua de Dios, de su ecosistema monetario, de la legislación segregacionista, de la intervención eclesiástica y del proceso posterior de patrimonialización muestra la tensión entre la ignorancia científica, el pánico moral y la resiliencia de las comunidades confinadas.

El centro de este ensayo es la moneda que el Estado colombiano labró para esos tres lazaretos entre 1901 y 1928. No es un catálogo del dinero de todas las colonias de lepra. La historia social queda como está. La sección numismática separa lo que dice un decreto resumido, lo que dice un catálogo y lo que esta colección puede medir en un disco.

Tabla 1. Fechas que el ensayo ya documenta. No añade una cronología nueva.
Fecha Qué fija esta página
1598Empieza a operar en Cartagena el Real Hospital de San Lázaro.
1796–1798Traslado a Tierrabomba, paraje de Caño del Loro.
1861Caño del Loro se oficializa como lazareto; en Santander, Eustorgio Salgar autoriza el de Contratación.
1870–1873Ley C de 1870 y, el 15 de enero de 1873, Aldea de Agua de Dios.
1890Ley 104: aislamiento obligatorio de los enfermos reconocidamente contagiosos.
1901 y 1907Primera moneda exclusiva, y luego los pesos P/M. La Ley 14 de 1907 aprieta el cordón.
1918–1921 y 1928Decretos que resumen la tercera serie, y la última denominación catalogada, el 50 centavos.
Década de 1940Sulfonas. La clínica deja de sostener el encierro; la ley tarda.
1961 y 2011Ley 148, que restituye derechos. Ley 1435, que declara patrimonio.

Configuración demográfica y geográfica de los lazaretos nacionales

La institucionalización del aislamiento en Colombia no fue homogénea. Se estructuró, a lo largo de los siglos, en tres enclaves, cada uno con dinámicas geográficas y sociopolíticas propias. El paso de los hospitales coloniales de caridad a los lazaretos republicanos refleja el endurecimiento de la política estatal frente a la enfermedad.

Caño del Loro: el confinamiento insular en el Caribe

El topónimo se escribe de tres maneras en catálogos y en este sitio: Caño del Loro, Caño de Loro y Caño del Oro. Aquí se usa Caño del Loro. Las otras dos quedan como variantes de fuente, no como otro lugar.

El primer esfuerzo institucional para contener la lepra en el territorio colonial se materializó en Cartagena de Indias. Ante la concentración de enfermos en los arrabales, el cabildo ordenó en 1592 la construcción del Real Hospital de San Lázaro, que comenzó a operar hacia 1598 en las afueras de Getsemaní.1 La edificación quedó envuelta en las dinámicas militares del Caribe. Su proximidad al Castillo de San Felipe de Barajas la convertía en un pasivo táctico: durante el asedio del vicealmirante británico Edward Vernon en 1741, la estructura sufrió daños severos y quedó en evidencia el riesgo de que fuerzas invasoras usaran los pabellones como trincheras o polvorines contra la fortaleza.12

La presión militar y la urgencia higienista forzaron el traslado a un entorno insular. Entre 1796 y 1798 el hospital se reubicó en la isla de Tierrabomba, en el paraje de Caño del Loro.1 En 1861, con la Confederación Granadina, el enclave se oficializó como lazareto del Estado Soberano de Bolívar.4 El mar Caribe aseguraba el aislamiento y sometía a los pacientes a un entorno tropical hostil. Los registros médicos documentan oftalmías y fiebres palúdicas entre los asilados.1

Caño del Loro fue también escenario de ensayos científicos tempranos. El médico Roberto Azuero fue enviado por el Ministerio de Gobierno en 1896 para probar el suero de Juan de Dios Carrasquilla; después hubo ensayos, documentados en fotografía, con aceite de chaulmugra.1 Para enero de 1939 el lazareto albergaba a 466 enfermos bajo normas estrictas de pases.1 El desenlace fue trágico. En 1950 el gobierno nacional decretó la clausura y, en un acto de profilaxis extrema destinado a borrar el estigma físico, la Fuerza Aérea Colombiana bombardeó las ruinas. Quedaron memorias fragmentadas entre los ancianos nativos y los descendientes de los asilados.4

Contratación: la «Pequeña Alemania» y el éxodo andino

En el nororiente, el aislamiento tuvo un génesis errático. Los enfermos de las provincias de Socorro, Pamplona y Tunja eran relegados a un paraje llamado El Regadillo.15 Por presiones sociales, en 1822 el gobierno provincial ordenó el traslado a un asentamiento inhóspito en jurisdicción del río Suárez, conocido como El Curo.15 Las condiciones de supervivencia obligaron a los enfermos a un éxodo por las montañas andinas en busca de un entorno más benigno.

El destino de esos pacientes se cruzó con las rutas de los comerciantes y extractores de quina. En un valle donde esos mercaderes acampaban y cerraban transacciones —de ahí «Valle de los Contratos» o «La Contrata»— los enfermos encontraron refugio.15 La Asamblea del Estado Soberano de Santander formalizó el movimiento. En 1861 el gobernador Eustorgio Salgar autorizó el nuevo lazareto, organizado legalmente en 1869 con un hospital para asilar a los «elefancíacos pobres».15

Con la hegemonía conservadora y su interés por contrarrestar el laicismo liberal mediante comunidades religiosas, llegaron a Contratación los salesianos y las Hijas de María Auxiliadora hacia 1887.15 Esa intervención cambió la fisonomía del asentamiento: orden urbano, disciplina y sanatorios que le valieron el apelativo de «Pequeña Alemania».16 El orden aparente no impidió que la colonia operara como prisión a cielo abierto. El drama más documentado es la separación de los recién nacidos, enviados a los preventorios de Guadalupe (niñas) y al asilo San Evasio o Guacamayo (niños y enfermos).6

Agua de Dios: la ciudad del dolor

Tocaima, en el centro del país, atraía peregrinos médicos por la fama de sus aguas termales. Con el tiempo se asentó allí una comunidad de enfermos de lepra que llegó a poseer propiedades y a integrarse a la economía local.3 El temor al contagio provocó una reacción violenta. Los habitantes sanos desalojaron a los enfermos y los empujaron a cruzar el río Bogotá hacia terrenos yermos.3

Ante la crisis, el Estado Soberano de Cundinamarca intervino por medio del secretario de Hacienda, José María Baraya, y del político Manuel Murillo Toro, quien en 1856 había adquirido, mediante la escritura número 66, los terrenos de la hacienda Agua de Dios a Pablo Afanador.18 La Convención del Estado, por la Ley C del 10 de noviembre de 1870, destinó esos terrenos al lazareto y bautizó el asentamiento como Aldea de Agua de Dios el 15 de enero de 1873.18

La separación geográfica se consolidó en 1875 con el primer puente colgante de Colombia sobre el río Bogotá. La obra, indispensable para cruzar el caudal sin depender de tarabitas inestables, se llamó popularmente Puente de los Suspiros.3 El nombre encierra la función de la estructura: era la frontera donde los enfermos se despedían de sus familiares sanos y de su estatus ciudadano, e iniciaban un confinamiento perpetuo.16 Agua de Dios se expandió hasta ser el lazareto más poblado de la nación, apoyado en la infraestructura de los salesianos (llegados en 1891) y de las Hermanas de la Presentación (en 1892).18

La biopolítica del aislamiento: legislación, higienismo y muerte civil

El confinamiento dejó de ser caridad parroquial y se convirtió en política de Estado, apoyada en la coerción legal y el higienismo. En 1874 el médico noruego Gerhard Henrik Armauer Hansen aisló el Mycobacterium leprae, probó la naturaleza infecciosa del padecimiento y derribó la teoría de los humores.2 Sin cura farmacológica en el siglo XIX, y respaldados por el Primer Congreso Internacional de Lepra (Berlín, 1897), los gobiernos abrazaron el aislamiento como el único paradigma profiláctico que consideraban viable.8

El cerco sanitario: la Ley 104 de 1890 y la Ley 14 de 1907

El Estado colombiano implementó el mandato segregacionista con la Ley 104 de 1890, que declaró el aislamiento total, absoluto y obligatorio de todos los enfermos de lepra reconocidamente contagiosos en el territorio nacional.26 La ley criminalizó de hecho la enfermedad al designar a los pacientes como responsables directos de la propagación de la endemia.27

El régimen disciplinario llegó a su máxima expresión bajo el presidente Rafael Reyes, con la Ley 14 de 1907, que ordenó un estricto cordón sanitario alrededor de los tres lazaretos.18 Las colonias de Agua de Dios y Contratación fueron sitiadas con cercas de alambre de púas y retenes de la llamada «policía sana».22 Los estatutos prohibían beber o comer en compañía de sanos, usar fuentes públicas o abandonar el perímetro sin un salvoconducto altamente restrictivo.4

El ingreso al lazareto simbolizaba la pérdida de la identidad ciudadana. En los retenes, los guardias destruían las cédulas de ciudadanía y despojaban de inmediato de derechos civiles y políticos.3 Esa «muerte civil» impedía votar, heredar, testar o contraer nupcias en la jurisdicción ordinaria.3 A cambio, el Estado emitía un carné interno que reducía a la persona a la categoría de asilado, instrumento de control poblacional y de distribución del subsidio o ración.3

El censo de García Medina y la cacería humana

El andamiaje represivo se alimentó de las estadísticas higienistas de la época. El censo de lepra liderado por el doctor Pablo García Medina en 1906 proyectó cifras alarmantes sobre la dispersión del bacilo, justificó ante la opinión pública la intensificación de la reclusión y posicionó a Colombia, a ojos de la comunidad internacional, como una de las principales «potencias leprosas» del mundo.32

Para cumplir las metas de confinamiento, el Estado creó a los «secretarios de lucha antileprosa».3 Esos funcionarios operaban con incentivos económicos, como cazarrecompensas encargados de localizar, capturar y remitir pacientes a la policía.3 La ignorancia diagnóstica y el terror social convirtieron las capturas en cacerías arbitrarias. Personas con afecciones dermatológicas benignas, labio leporino o una apariencia que se juzgaba desagradable fueron diagnosticadas de forma empírica y desterradas a los lazaretos.3 El sistema fomentó denuncias anónimas: disputas personales y venganzas culminaron en el encierro de personas sanas.34 En las ciudades proliferó, en contraste, el «arte de petrolear»: mendigos, en su mayoría sanos, exhibían fotografías de los enfermos para capitalizar la caridad pública.3

Ruptura biológica: la desinfección y la fractura familiar

La obsesión higienista permeó la arquitectura y la vida social del confinamiento. Para mitigar el temor al contagio por objetos, se edificó la Casa de la Desinfección en el límite de los lazaretos.22 Cualquier persona sana que salía, y toda mercancía y correspondencia, debía fumigarse y tratarse con formaldehído (formol). La concentración de vapores, un agente con actividad bactericida, fungicida y esporicida, se presentaba como garantía de esterilización del flujo material, pese a los riesgos toxicológicos y carcinogénicos de su inhalación para quienes operaban el recinto.35

El aspecto más devastador fue la destrucción del núcleo familiar. Sobre la premisa errada de que el contacto postnatal inmediato garantizaba la infección, las autoridades confiscaban a los infantes tras el parto y los trasladaban a preventorios y asilos.34

El territorio se fragmentó para acoger a esas poblaciones. En Contratación, las niñas sanas iban al preventorio de Guadalupe y los infantes al San Evasio o al Guacamayo.6 En Agua de Dios operaban los internados Santa Ana y Crisanto Luque, y los Hogares Infantiles San José, obra fundada por la Arquidiócesis en 1910 para acoger y educar a los niños separados de sus familias.22 La política dejó un trauma intergeneracional: hay relatos de madres que no volvieron a ver a sus hijos tras la reja perimetral.6

La asepsia económica: la numismática de los lazaretos

El nivel más sofisticado de la segregación residió en la política monetaria. La medicina de la época sostenía la teoría de los fómites y presumía que el bacilo de Hansen conservaba viabilidad en superficies inanimadas. El dinero de circulación nacional, metal o papel, manipulado por pacientes con úlceras activas, fue catalogado como vector de alta peligrosidad.7 Hoy la enfermedad de Hansen se entiende como una infección bacteriana crónica, no como una falta moral. El contacto casual con una moneda no es la vía que describe la clínica actual, y el tratamiento multimedicamentoso vuelve no infeccioso al paciente en un plazo relativamente corto. «Lepra» es el término de las leyes y de las piezas; «enfermedad de Hansen» es el que prefiere el lenguaje médico presente.2 Quienes decretaron en 1901 no tenían ese conocimiento. La teoría de los fómites explica la moneda exclusiva. No la convalida.

En respuesta, el presidente José Manuel Marroquín decretó en 1901 moneda para los lazaretos de Agua de Dios, Caño del Loro y Contratación.7 La literatura numismática suele llamar a Colombia el primer Estado que labró moneda propia para lazaretos, y a veces el primero en sentido absoluto.72 8 Esa prioridad se lee como descripción de catálogo, sujeta a vales, fichas y emisiones locales anteriores que todavía no están reunidos. No se cierra aquí.

«Curso forzoso», «exclusivo», «intransferible» y «sin valor fuera del cordón» no son la misma figura. Los resúmenes secundarios del Decreto 300 del 12 de marzo de 1901 y del Decreto 1452 del 30 de noviembre de 1907 hablan de circulación limitada a los lazaretos y, en 1907, de decomiso si la pieza salía.71 74 Esta página no transcribe el Diario Oficial. No decide si cada expendio estaba obligado a recibir la pieza, si el paciente podía cambiarla a la par por dinero nacional, ni si la prohibición de sacarla era de ley, de reglamento o de hecho. Hasta ese texto, la coscoja queda como moneda de institución con curso restringido, no como un billete de curso legal ordinario.

El propósito que describen las fuentes secundarias era múltiple. Impedía que el capital de las colonias regresara a los centros económicos del país sano.8 Facilitaba el pago estandarizado de las raciones o subsidios de manutención.11 Y operaba como dispositivo de encarcelamiento tácito: sin poder de compra fuera del cordón, quien evadiera la vigilancia física quedaba forzado al retorno o a la indigencia.8 Quién recibía la pieza, cómo se contabilizaba y qué taller falsificó no están en los decretos resumidos aquí.

Los asilados llamaron a ese circulante «coscojas», vocablo local para baratijas o cosas de ínfimo valor, y con él expresaron el desprecio y la marginación frente a su economía artificial.9 El mismo apodo nombra otra serie, las coscojas de Santander de 1902, latón de casquillo labrado en Bucaramanga. No son la moneda del cordón. El rasgo más estigmatizante del diseño de lazareto, en la mayoría de las emisiones, fue la cruz de San Lázaro —o cruz templaria octogonal—, el símbolo histórico de la lepra, grabada en el metal para que la pieza se reconociera sin equívoco.10

Los catálogos de trabajo son dos libros de Andrés Yépez Pérez (también Yepes en fichas de Numista): la Guía de estudio núm. 61 del Banco de la República (2007), hecha para la exposición de la Casa de Moneda, y Lepra y coleccionismo en Colombia (Medellín, 2011; Numista L228571).69 70 75 El cuadro de tipos cruza ese aparato con Krause-Mishler, Restrepo (4.ª ed., 2012) y Hernández (8.ª ed., 2023), solo en las filas que esta revisión abrió. Las tiradas son cifras de catálogo. Las tablas de moneda del Banco de la República empiezan en 1987 y no cubren estas piezas.

Tabla 2. Emisiones de lazareto, 1901–1928. Cada aleación y cada ceca lleva la fuente que la sostiene. Esta página no publica precios de mercado.
Emisión y año Administración Denominaciones Composición y cecas Diseño e importancia numismática
Primera emisión (1901) Presidente José Manuel Marroquín 2½, 5, 10, 20 y 50 centavos El recuento de Contratación dice bronce, con aleaciones de color variable. Numista llama bronce al 2½ centavos y latón al 10 centavos. Ceca que esas fuentes nombran: Bogotá.71 Anverso de catálogo: denominación. Reverso: «LAZARETO» en la cruz de San Lázaro. El Decreto 300 del 12 de marzo de 1901 se cita por resúmenes, no por el diario oficial: uno da un valor facial de unos 20.000 pesos e incluye el 2½ centavos; otro lista 5, 10, 20 y 50 y omite el 2½.71 74 Numista (N#24865, Andrés 93) da 20.422 piezas, 1,3 g y 14 mm para el 2½ centavos, y anota que se conocen pocos ejemplares. Es comentario de catálogo, no un censo de esta página.
Segunda emisión (1907) Presidente Rafael Reyes 1, 5 y 10 pesos P/M. El 2 pesos no entra: no está en el resumen del decreto ni en el cotejo KM L6–L8. Cuproníquel, Bogotá, según el recuento local: metal de monedas nacionales de 1881, 1886 y 1888 fundidas. Esta revisión no asigna Heaton, Medellín ni Filadelfia.71 Numista describe el 1 peso de lazareto (KM# L6, N#24882) con LAZARETO en un círculo y «1 PESO P.M.» entre ramos. No es el peso papel moneda nacional de la Libertad (KM# A279, N#26600), que sí lleva esa cabeza y, en algunas fechas, la H de Heaton. La «Mariana» y Birmingham de una versión anterior de esta tabla venían de esa confusión. El resumen del Decreto 1452 da un equivalente de 30.000 pesos oro y prohíbe el curso fuera del lazareto.76
Tercera emisión (1921) Presidente Marco Fidel Suárez 1, 2, 5, 10 y 50 centavos Cuproníquel en el resumen del decreto y en las filas Numista abiertas (2, 10 y 50 centavos). No es plata de 0,900: esa ley es la del 50 centavos nacional, KM# 193.1. Ceca nombrada: Bogotá. Medellín y Filadelfia no se sostienen en estas fuentes.71 El recuento local parte el pedido: Decreto 2209 de 1918 para 1, 2 y 5 centavos, y Decreto 68 de enero de 1919 para 10 y 50, con un facial de 100.000 pesos. Restaura la cruz. En el 2 centavos de 1921 de la colección, el anverso lleva la cruz con LAZARETO, la leyenda REPUBLICA DE COLOMBIA —sin tilde, como está grabada— y la fecha; el reverso, el valor entre ramos. Bajo el lazo del reverso van las iniciales RH del grabador Roberto Hinestrosa, rasgo del tipo; en este ejemplar no se leen con seguridad. Un resumen de divulgación llama cobre a toda la serie de 1921.72 Aquí se sigue el cuproníquel del decreto resumido y de Numista, y se deja constancia del desacuerdo.
Cuarta emisión (1928) Presidente Miguel Abadía Méndez 50 centavos (denominación única) Bronce en Numista (KM# L14): 9,8 g, 30 mm, canto estriado, iniciales RH. El recuento local también dice bronce. Un resumen de divulgación dice níquel.72 No hay número de decreto en las fuentes abiertas aquí. CoinWeek dice que este 50 centavos omite la cruz. Numista transcribe, en KM# L14, «REPÚBLICA DE COLOMBIA LAZARETO» con la fecha, y «50 CENTAVOS RH» al otro lado. Esta colección no tiene un 1928 medido, así que no decide la iconografía. Es la última fecha que los catálogos de trabajo dan a este diseño. No es una quinta serie.7

Cuadro de tipos

KM L1–L14 es la serie oficial que el cotejo de Numista, a partir del Standard Catalog y de Restrepo, pone en cuatro fechas. Hernández (Cód.) solo entra donde esta revisión abrió la fila de Numista. La columna de ficha dice si Notofilia publica ese disco. El 50 centavos de 1931 no es una fila de este cuadro.

Tabla 3. Tipos de lazareto. Restrepo sin enlace es el número del cotejo en el foro de Numista. Tiradas de catálogo, no del Banco de la República. Sin precios.
Tipo KM Restrepo Hernández Numista Ficha
1901 · 2½ centavos L1 360 303 N#24865 (se abre en una pestaña nueva) No
1901 · 5 centavos L2 364 — — No
1901 · 10 centavos L3 374 — N#24880 (se abre en una pestaña nueva) No
1901 · 20 centavos L4 386 — — No
1901 · 50 centavos L5 410 — — No
1907 · 1 peso P/M L6 346 308 N#24882 (se abre en una pestaña nueva) No
1907 · 5 pesos P/M L7 367 — — No
1907 · 10 pesos P/M L8 376 — — No
1921 · 1 centavo L9 348 — — No
1921 · 2 centavos L10 355.1 313 N#6830 (se abre en una pestaña nueva) Sí
1921 · 5 centavos L11 369 — — No
1921 · 10 centavos L12 378 315 N#7544 (se abre en una pestaña nueva) No
1921 · 50 centavos L13 417 316 N#7542 (se abre en una pestaña nueva) No
1928 · 50 centavos L14 418 317 N#21644 (se abre en una pestaña nueva) No

El mismo mensaje del foro anota un 50 centavos de 1901 en cobre, KM# L5a, y dice que se conocen dos. Es un aviso de variedad, no una quinta denominación, y esta página no lo ha visto. En las filas abiertas, el 2 centavos de 1921 figura a 3 g y 18,89 mm, canto liso; Numista da 300.000 piezas y CoinVarieties 350.000. El 10 centavos de 1921 figura a 5,1 g, 22,89 mm y 200.000 piezas. El 50 centavos de 1921, cuproníquel, 9,8 g, 30 mm, canto liso, 120.000. El de 1928, bronce, el mismo peso y módulo, canto estriado, 50.000. El 1 peso de 1907 figura en 792.000, con peso variable de 2,45 a 2,65 g. El 10 centavos de 1901, en 10.000 para la marca B, con peso variable. Ninguna de esas cifras es un parte de la Casa de Moneda.73

Billetes y el peso papel moneda de 1907

La guía 61 dice, en su propia ficha de biblioteca, que el Estado acuñó monedas y papel moneda para que circularan solo dentro de la comunidad enferma.69 Esta revisión no abrió el PDF. No asigna a un billete de lazareto número Pick, impresor, viñeta ni firma.

El recuento de Contratación resume el Decreto 1452 así: las monedas de 1, 5 y 10 pesos P/M servían para cambiar los billetes nacionales que tenían los pacientes; el decreto prohibía sacarlos y ordenaba decomisarlos; y mandaba incinerar los billetes nacionales procedentes de esas instituciones y reemplazarlos por billetes nuevos.71 No describe esos billetes nuevos. Pueden haber sido billetes nacionales de reposición, no una serie propia del lazareto. Hasta el decreto o la guía, las dos lecturas quedan abiertas. Lo que sí está catalogado en metal es la moneda P/M de la tabla, distinta del peso nacional de la Libertad.

Fichas que no son la serie KM

A veces se mencionan piezas fraccionarias no oficiales de Contratación, ligadas a la administración del hospital cuando faltaba sencillo. Esta revisión no confirmó, en una ficha abierta, un medio disco de 25 centavos, ni una fecha de 1929–1930, ni el metal. No se crea esa entrada. Si el tipo está en Yépez o en Colnect, falta todavía el enlace y la descripción.

El 50 centavos fechado 1931

En la colección hay un 50 centavos fechado 1931, con la cruz y el valor entre ramos. Es un problema de investigación, no una quinta emisión oficial. Los catálogos de trabajo datan este diseño en 1921 (KM# L13, cuproníquel, canto liso, Cód. 316) y en 1928 (KM# L14, bronce, canto estriado, Cód. 317). No listan 1931. La ficha deja la atribución pendiente: no asigna L13 ni L14, ni una tirada.

La fecha 1931 sí existe en otra moneda: el 50 centavos nacional de plata, KM# 193.1, con busto de Bolívar. No es este disco. Sin peso, densidad ni fotografía del canto, el metal no se asigna, y por eso tampoco la serie. Las explicaciones que quedan abiertas son una fecha alterada, un cuño retocado o una acuñación no documentada. Ninguna se afirma. Las fotografías publicadas no autentican el metal.

Otras colonias, en corto

Colombia se distingue, en las fuentes usadas aquí, por la emisión estatal, por la duración de 1901 a 1928 y por la cruz con la palabra LAZARETO. El cuadro no cataloga el resto del mundo. Solo pone al lado lo que esas fuentes ya dicen, y marca el desacuerdo.

Tabla 4. Comparación mínima. No es un catálogo de esas colonias.
Ámbito Qué dicen las fuentes citadas Rasgo que aquí importa
Colombia Cuatro series de moneda, 1901–1928, y una mención de papel moneda en la guía 61, sin ficha de billete. Cruz de San Lázaro y leyenda LAZARETO en la mayor parte del metal. Curso descrito como interno.
Culión, Filipinas CoinWeek: de medio centavo a 1 peso, aluminio y níquel, desde 1913, bajo administración estadounidense. Otra autoridad y otro metal. Esta página no abre sus tipos.
Palo Seco, Zona del Canal CoinWeek: piezas de 1 a 5 centavos con perforación cuadrada, 1919. Otra síntesis amplía denominaciones y habla de un agujero, sin fijar la forma.8 La perforación como marca al tacto. El detalle del agujero queda en desacuerdo entre fuentes.
Venezuela, Brasil, Japón Cabo Blanco, Maracaibo y otros nombres aparecen en la literatura de conjunto. Un estudio aparte trata monedas y billetes venezolanos.77 Colombia no es el único caso. Sí es el que esta página puede citar tipo por tipo.

Numista, en las filas de estos tipos, dice que los hospitales cerraron a finales de la década de 1950 y que los pacientes pudieron cambiar las piezas por moneda corriente en un banco.47 No da decreto, plazo, tasa ni destino del metal (fundición, reserva o museo). Una versión anterior de este párrafo ponía el canje en el Banco de la República sin esa precisión. Se retira. El procedimiento queda sin documentar.

Resistencia y cultura en el confinamiento

Ante el vacío de apoyo emocional, educativo e infraestructural, la Iglesia católica y los propios asilados ocuparon una parte sustancial de la vida del lazareto.

La obra salesiana: el padre Rabagliati y Luis Variara

Las congregaciones de San Juan Bosco fueron pioneras en la organización institucional de Agua de Dios y Contratación. En 1890 el padre Evasio Rabagliati, discípulo de Don Bosco que había fundado el primer hospital de la Patagonia argentina (Viedma), fue comisionado a Colombia como superior de la misión salesiana.19 Bajo su rectorado se instauraron colegios, dispensarios y una estructura moral en medio del abandono.29

La labor más transformadora en la dignidad de los pacientes fue la del padre Luis Variara. Llegado a Agua de Dios en 1894, percibió la doble marginación de las mujeres jóvenes y de las hijas sanas de los enfermos, rechazadas por las congregaciones tradicionales a causa del estigma de su procedencia. En 1905 fundó el Instituto de las Hijas de los Sagrados Corazones de Jesús y de María.52 Fue la primera comunidad del catolicismo integrada y administrada por pacientes de lepra y sus descendientes. Obligado a abandonar Agua de Dios por conflictos jerárquicos, murió en Cúcuta en 1923. Juan Pablo II lo declaró beato en 2002.53

El genio confinado: Luis Antonio Calvo

La sublimación del sufrimiento por el arte tiene su figura en el maestro Luis Antonio Calvo. Nacido en Gámbita, Santander, en 1882, salió de la pobreza como mensajero y platillero y llegó a la Banda del Ejército en Bogotá como músico virtuoso.54 En el apogeo de su consolidación como compositor nacional le diagnosticaron el mal de Hansen en 1916.54

Tras un concierto de despedida en el Teatro Colón, ingresó al lazareto de Agua de Dios en mayo de 1916.54 Con un piano facilitado por benefactores y sacerdotes salesianos, convirtió el encierro en la etapa más prolífica de su carrera.23 Obras como el Intermezzo n.º 1, Lejano azul, Eclipse de belleza y Anhelos se interpretaron en París y Londres y las grabó la BBC.54 Residió en Agua de Dios hasta su muerte por uremia en abril de 1945, acompañado de su esposa Ana Rodríguez.55

Disidencias científicas y la transición hacia la libertad

Mientras el Estado reforzaba el aislamiento, la comunidad médica se fracturó. La voz más notable fue la de Juan de Dios Carrasquilla, quien desde 1890 cuestionó la validez científica y moral del confinamiento forzoso y lo calificó de medida «cruel, inhumana y vejatoria de la dignidad del hombre».25 En 1896 desarrolló y aplicó una seroterapia, el «suero Carrasquilla», como alternativa a la reclusión.59 La eficacia del suero fue discutida y superada por avances posteriores; la posición filosófica de Carrasquilla sembró un enfoque de derechos en el manejo clínico de la lepra.

El punto de inflexión farmacológico llegó en la década de 1940 con las sulfonas, los primeros agentes eficaces contra el bacilo de Hansen.1 Detuvieron el progreso degenerativo y la transmisibilidad en pacientes tratados, y quitaron justificación científica a la prolongación del régimen carcelario y al temor hacia los fómites y las monedas.11

El desarme legal fue más lento que la evidencia epidemiológica. Solo en 1961, tras la presión de los asilados, el Congreso sancionó la Ley 148 de 1961.25

La ley operó como edicto de emancipación. El artículo 2 proclamó que, a partir de su promulgación, las personas enfermas de lepra tendrían todos los derechos civiles y políticos y las garantías sociales de la Constitución.38 Sus efectos:

  • Derogó las directrices segregacionistas acumuladas desde comienzos de siglo, incluida la Ley 14 de 1907.61
  • Ordenó la destrucción del cordón sanitario y la reanudación del libre tránsito.25
  • Restituyó el sufragio, el matrimonio, el testamento y la tenencia de propiedad.6
  • Mantuvo los beneficios pecuniarios, impidió disminuir o suspender los subsidios y declaró a cargo del Tesoro Nacional las pensiones vitalicias.38
  • Facultó al poder departamental para reorganizar los recintos. Por la Ordenanza 78 del 29 de noviembre de 1963, de la Asamblea de Cundinamarca, Agua de Dios pasó de asilo policial a municipio con alcaldía y cabildo.60

Patrimonialización, memoria histórica y museología

Con la apertura de los lazaretos y la curación farmacológica, el Estado y los historiadores enfrentaron el problema de preservar la memoria de una época que muchos querían sepultar, como ocurrió con la demolición de Caño del Loro en 1950.4

Para proteger la infraestructura arquitectónica y documental, el Congreso expidió la Ley 1435 del 6 de enero de 2011.22 Declaró Patrimonio Histórico y Cultural de la Nación a bienes inmuebles del Sanatorio de Agua de Dios y del Sanatorio de Contratación, y reconoció esos espacios como parte de la identidad cultural colombiana.22

Bajo el Plan Especial de Manejo y Protección se otorgó el estatus de Bien de Interés Cultural a edificios cuya conservación se hizo prioritaria frente al deterioro.66

Tabla 5. Bienes de interés cultural del antiguo lazareto de Agua de Dios, según la Ley 1435 de 2011 y las fuentes citadas.
Bien Función en el sistema de segregación Condición y uso documentados
Puente de los Suspiros Única vía de acceso formal sobre el río Bogotá, límite del cordón sanitario.20 Preservado como bien público y monumento de memoria.22
Casa de la Desinfección Fumigación y control químico con formaldehído para personas, objetos y correo.22 En condición crítica, con amenaza de colapso por falta de mantenimiento.22
Edificio Carrasquilla Centro de consulta médica ambulatoria; epicentro científico del lazareto, construido hacia 1918.67 Sede de la administración de la E.S.E. y del Museo Médico de la Lepra.22
Hospital Herrera Restrepo Clínica de atención primaria y procedimientos quirúrgicos.68 Activo. Servicios de primer nivel y control epidemiológico.22
Albergues Boyacá, San Vicente y Ospina Pérez Pabellones segregados por sexo para pacientes discapacitados sin redes familiares.22 Activos. Hogares de cuidado prolongado para pacientes ancianos curados, con limitaciones motrices.22
Casa Museo de Luis A. Calvo Residencia y estudio del músico.22 Museo de instrumentos, partituras y archivo biográfico.22
Internados Santa Ana y Crisanto Luque Preventorios para la reclusión y educación de los niños separados de sus padres.22 Inactivos, con deterioro o sin uso establecido documentado.22

El esfuerzo más coherente de memoria colectiva fue el Museo Médico de la Lepra, inaugurado en 2009 en el Edificio Carrasquilla.67 Con la curaduría del pediatra Hugo Armando Sotomayor Tribín y la gestión de María Teresa Rincón, el museo reunió el archivo histórico, científico y sociológico del Sanatorio de Agua de Dios.67

En salas de derechos humanos y de ciencias médicas expone más de 900 metros lineales de archivo.67 Las vitrinas muestran equipos quirúrgicos, pases de circulación restringida y las coscojas. El inventario no se presenta como curiosidad: funciona como dispositivo de desestigmatización y de reparación moral hacia las víctimas de una de las prácticas más implacables del higienismo colombiano.67

Conclusión

La historia de los lazaretos en Colombia muestra que la respuesta del Estado ante la enfermedad de Hansen, en su fase más radical, unió pánico moral, deficiencias científicas tempranas e ideología de exclusión. Los complejos de Caño del Loro, Contratación y Agua de Dios convirtieron un problema de salud pública en una política de despojo de derechos, con el cordón sanitario y la reclusión perpetua como mecanismos de castigo civil.

La moneda exclusiva —las coscojas— de las tres colonias muestra hasta dónde la administración intervino en la economía y la dignidad de las personas bajo el higienismo y la teoría de los fómites. Al grabar el símbolo de la enfermedad en el metal, el Estado materializó el estigma y paralizó la vida comercial de la población afectada.

El encierro convivió con una resiliencia documentada. El padre Luis Variara fundó congregaciones integradas por las propias asiladas. Luis Antonio Calvo compuso, dentro de la colonia, una obra que salió del cerco. La Ley 148 de 1961 y el mandato de preservar las estructuras por la Ley 1435 de 2011 cierran un ciclo ético: ninguna profilaxis médica se justifica si se ejecuta en detrimento de la dignidad humana.

Obras citadas

  1. El lazareto de Caño de Loro, bahía de Cartagena (se abre en una pestaña nueva)
  2. Historia de la enfermedad — Iniciativa de Sasakawa contra la lepra (se abre en una pestaña nueva)
  3. Agua de Dios, el pueblo que vivió de la lepra — Universidad Jorge Tadeo Lozano (se abre en una pestaña nueva)
  4. Otros lazaretos — El Lazareto (se abre en una pestaña nueva)
  5. La historia a través de la numismática: lazaretos (se abre en una pestaña nueva)
  6. Lepra: una historia que deja llaga en Santander — Universidad Industrial de Santander (se abre en una pestaña nueva)
  7. Offbeat Numismatics: The Leper Colony Coins of Colombia — CoinWeek (se abre en una pestaña nueva)
  8. Leper colony money — Wikipedia (se abre en una pestaña nueva)
  9. Coscoja o moneda — Lazareto de Contratación (se abre en una pestaña nueva)
  10. Cuando las leproserías utilizaban su propia moneda — La Brújula Verde (se abre en una pestaña nueva)
  11. Leper Colony Coins 1901–1951 — Dema Coins (se abre en una pestaña nueva)
  12. El bombardeo del lazareto de Caño de Loro, Cartagena de Indias — SciELO (se abre en una pestaña nueva)
  13. Contratación, su historia — Alcaldía de Contratación (se abre en una pestaña nueva)
  14. The Colombian town where no one could leave — YouTube (se abre en una pestaña nueva)
  15. Lazaretos, monedas de leprosos — Imperio Numismático (se abre en una pestaña nueva)
  16. El lazareto de Agua de Dios — Patricia Devia Angarita (se abre en una pestaña nueva)
  17. Monumento: el Puente de los Suspiros — Primicia Diario (se abre en una pestaña nueva)
  18. Patrimonializar mediante ley. Historia o memoria de la lepra — Redalyc (se abre en una pestaña nueva)
  19. La herencia musical de Luis A. Calvo y la enfermedad de Hansen — Academia Nacional de Medicina (se abre en una pestaña nueva)
  20. Reflexiones sobre la lucha contra la lepra — Academia Nacional de Medicina (se abre en una pestaña nueva)
  21. Agua de Dios — Wikipedia (se abre en una pestaña nueva)
  22. La coscoja, estrategia para evitar la diseminación de la lepra — El Diario de Salud (se abre en una pestaña nueva)
  23. Lepra, lazareto y leprosos — Dialnet (PDF, inicia la descarga) (se abre en una pestaña nueva)
  24. Lazarettos — vitrina de Notofilia
  25. Cómo Colombia logró ser la primera potencia leprosa del mundo — SciELO (se abre en una pestaña nueva)
  26. Los últimos olvidados: lepra en Agua de Dios — Bienestar Colsanitas (se abre en una pestaña nueva)
  27. Manual de limpieza y desinfección de áreas hospitalarias (PDF, inicia la descarga) (se abre en una pestaña nueva)
  28. Ley 148 de 1961 — Función Pública (se abre en una pestaña nueva)
  29. 2 centavos, moneda de leprocomio — Numista (se abre en una pestaña nueva)
  30. Centenario pascual del padre Luis Variara — El Catolicismo (se abre en una pestaña nueva)
  31. Luis Variara — Wikipedia (se abre en una pestaña nueva)
  32. Luis Antonio Calvo — Enciclopedia Banrepcultural (se abre en una pestaña nueva)
  33. Luis Antonio Calvo — EcuRed (se abre en una pestaña nueva)
  34. Juan de Dios Carrasquilla Lema — historia de la medicina (se abre en una pestaña nueva)
  35. Historia y turismo en Agua de Dios (se abre en una pestaña nueva)
  36. Ley 148 de 1961 — Sanatorio de Contratación (PDF, inicia la descarga) (se abre en una pestaña nueva)
  37. Agua de Dios, urbanismo y arquitectura (PDF, inicia la descarga) (se abre en una pestaña nueva)
  38. Museo Médico de la Lepra en Agua de Dios (se abre en una pestaña nueva)
  39. The lazareto of Agua de Dios — Patricia Devia Angarita (se abre en una pestaña nueva)
  40. Andrés Yépez Pérez, Guía de estudio núm. 61. La moneda de los lazaretos. Banco de la República, Unidad de Artes y otras colecciones, 2007. Biblioteca Digital de Bogotá (se abre en una pestaña nueva)
  41. Andrés Yepes Pérez, Lepra y coleccionismo en Colombia, 1.ª ed., Medellín, 2011. Numista L228571. ISBN 978-958-44-8572-4. El registro da 158 páginas; un anuncio de la edición habla de 154. No se elige una cifra (se abre en una pestaña nueva)
  42. Contratación lazareto: monedas. Resumen local de los decretos 300 de 1901, 1452 de 1907, 2209 de 1918 y 68 de 1919. No es el Diario Oficial (se abre en una pestaña nueva)
  43. Adolfo Ruiz Calleja, «Monedas para lazaretos a principios del siglo XX», Blog Numismático, 30 de octubre de 2016. Llama a Colombia el primer país emisor y describe metales que no coinciden con Numista (se abre en una pestaña nueva)
  44. Foro Numista, «Leper colony coinage». Cotejo KM L1–L14 con los tipos de Restrepo. Mensaje de coleccionista, no lámina de catálogo (se abre en una pestaña nueva)
  45. El Diario, nota sobre la exposición. Decreto 300, facial de veinte mil pesos, y denominaciones de 1901 sin el 2½ centavos (se abre en una pestaña nueva)
  46. Banrepcultural, exposición «La moneda de los lazaretos». Series de 1901, 1907, 1921 y 1928 (se abre en una pestaña nueva)
  47. Numista N#24882, 1 peso papel moneda de lazareto, 1907, KM# L6. Contraste con el peso nacional N#26600, KM# A279 (se abre en una pestaña nueva)
  48. Adolfo Ruiz Calleja, comentario a la numismática de los lazaretos en Venezuela, Blog Numismático, 18 de julio de 2020. Remite a un estudio de monedas y billetes; esta página no lo cataloga (se abre en una pestaña nueva)

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