NOTOFILIA Numismática y Notafilia
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Colombia-Numismática

Las fichas de hacienda en la numismática colombiana

Las fichas de hacienda fueron dinero privado. Haciendas, minas y empresas las emitieron para pagar jornales cuando la Casa de Moneda no alcanzaba a poner menuda en circulación. Circularon desde la segunda mitad del siglo XIX. El artículo 136 del Código Sustantivo del Trabajo, de 1950, prohibió pagar el salario con ellas.

· Yezid Acosta

En breve

Qué son
Piezas monetiformes privadas, sin curso legal: fichas, vales y señas de hacienda, mina o empresa.
Para qué servían
Pagar jornal o cosecha y canjearlas en el almacén del emisor, el comisariato.
Norma que las nombra
Artículo 136 del Código Sustantivo del Trabajo, «Prohibición de trueque». El código rige desde el 1 de enero de 1951.
Catálogo
Ignacio Alberto Henao Jaramillo, Fichas de Colombia. Primera edición a finales de 2003; segunda, 2021. Esta página no republica precios.

La exonumia y el dinero privado

La exonumia estudia objetos monetiformes sin curso legal: fichas, vales, boletos, señas y tokens. En Colombia esas piezas documentan el café, el azúcar, el banano, el tabaco y la minería, y las relaciones de trabajo que esas economías armaron.

La ficha de hacienda es scrip: la emitía el patrón, no el Estado. Servía para pagar cuando no había menuda oficial, y muchas veces solo se recibía en el almacén de quien la había puesto a circular. Al diferir el efectivo, el emisor obtenía un crédito corto de sus propios trabajadores. El valor no estaba en el metal. Estaba en la promesa de canje y en el patrimonio de quien firmaba esa promesa.

Esa solución de caja también cerró economías. El trabajador cobraba donde compraba, y a veces compraba a crédito. El peonaje por deudas no tuvo la misma fuerza en todas las regiones, pero el mecanismo existió. Se desarmó por partes: primero el papel de los bancos privados, después el monopolio de billetes del Banco de la República, y al final la ley laboral de 1950.

Por qué apareció el circulante privado

La ficha nace de una escasez crónica de moneda fraccionaria. La población estaba repartida en una geografía partida por tres cordilleras, y la Casa de Moneda no acuñaba ni distribuía bastante menuda para el jornal.

Exportar y no tener sencillo

Colombia entró al mercado mundial con tabaco, oro, café y, más tarde, azúcar y banano. Las propiedades grandes necesitaban cientos o miles de brazos. Sus dueños generaban divisas y no tenían billetes ni monedas de baja denominación para la paga de la semana.

El oro y la plata —escudos y reales— circulaban sobre todo entre comerciantes y en el comercio exterior. Para el jornalero eran poco prácticos. La salida fue emitir fichas metálicas, vales y boletos.

El comisariato

La ficha iba pegada al comisariato, el almacén de la hacienda o de la compañía. En México ese almacén se llamó tienda de raya. Con frecuencia era el único sitio donde la pieza se aceptaba, así que allí se compraban comida, herramientas y ropa.

El circuito podía cerrarse: el empleador conservaba la moneda legal y recuperaba las fichas en su propio almacén. Cuando el jornal no alcanzaba, la compra a crédito ataba al trabajador a la propiedad. En la zona bananera el archivo es otro, y va en la sección del conflicto: allí los comisariatos de la United Fruit también competían con el comercio local.

Materiales, huecos y denominaciones

La ficha privada no seguía ley, peso ni módulo oficiales. El metal y la calidad del cuño dicen qué taller tenía a mano el emisor.

Cómo se hacían

  • Metales acuñados en ceca o en taller: cobre, bronce, latón y alpaca, a veces con heráldica y gráfila. El inventario de EAFIT dice que la moneda de La Amalia se acuñaba en Francia.
  • Aluminio, a finales del siglo XIX y comienzos del XX: liviano, barato y poco dado a la oxidación.
  • Lo que no es metal: vulcanita, celuloide, plástico, cartón prensado y cuero.
  • Cospeles y resellos: quien tenía pocos recursos compraba discos en blanco y les ponía un punzón con las iniciales. También se resellaba una ficha vieja, o una moneda gastada, cuando la hacienda cambiaba de dueño.

El orificio

Muchas fichas traen un hueco, a veces abierto a mano. No es un defecto de fábrica. Servía para ensartarlas en un cordel —en el cafetal o en la mina se pierden— y para apilarlas en un dispensador a la hora de la paga. En algunos tipos el hueco cambiaba el valor de una pieza que ya existía.

Lo que medían

La moneda oficial nombra unidades abstractas: centavo, real, peso. Buena parte de la ficha agrícola nombra el trabajo o la cosecha. El esfuerzo queda convertido en medio de pago.

Denominaciones de trabajo que aparecen en las fichas agrícolas.
DenominaciónDóndeQué medía
Almud, lata, cajónHaciendas cafeterasVolumen de café cereza; pago a destajo
ArrobaTrapiches y beneficiaderosPeso de café pergamino o de caña cortada
Tarea, jornalHaciendas en generalEl tiempo de un día, o una labor concreta, como limpiar un lote
Cuartillo, señaComercios y fincas pequeñasEl vuelto o la compra mínima
Peso, centavoEmpresas mineras grandesEquivalencia con la moneda oficial, para la contabilidad

La arroba comercial de Colombia es de 25 libras de 500 g, esto es 12,5 kg. No es la arroba castellana antigua, que anda por los 11,5 kg. Pagar por almud recolectado le pasaba al jornalero el riesgo del lote: si el cafetal rendía menos, la paga bajaba.

En La Amalia la unidad impresa es el tarro. La familia glosa la T como el canasto de recolectar, en fichas de 1, 5, 10 y 20. Numista publica un tipo de 1927, latón triangular de 22 mm y 2 g, con leyenda «La Amalia 1 T», y glosa tarro como tazón (N# 346977). Las dos lecturas están publicadas. Esta colección no tiene esa pieza.

Emisores que dejaron rastro

Hubo fichas en casi toda zona productiva. Unos pocos emisores se dejan seguir en archivo, prensa y catálogo.

Hacienda La Amalia, Venecia (Antioquia)

El inventario de EAFIT la sitúa en Venecia, fundada en 1888 por Ignacio de Márquez y Amalia Madriñán de Márquez, pionera del café a gran escala y de la exportación a Estados Unidos y Europa. El mismo inventario dice que tuvo moneda propia, acuñada en Francia, que circulaba en el municipio. El fondo de la hacienda, en la Sala de Patrimonio Documental, cubre 1927–1932 y es correspondencia de administración, no un registro de cuños.

La prensa no coincide en el nombre ni en el tamaño. Blu Radio y el relato de la familia hablan de José Ignacio de Márquez; el inventario dice Ignacio de Márquez. Caracol da 238 hectáreas, la nota biográfica de Blu da 228, y otra nota de Blu da 388. No hay, en esas fuentes, una escritura que cierre la cifra.

Blu Radio (25 de marzo de 2025) dice que Amalia Madriñán Vásquez nació en Guatemala en 1867, que se casó en 1888 y que enviudó en 1905, y que desde entonces dirigió sola la hacienda. Caracol añade que fue criada en Popayán y que era prima de Pedro Nel Ospina, el presidente que contrató la misión Kemmerer. Esas dos afirmaciones van como las da la prensa, no como partida de bautismo.

Emidgio Patiño, concejal de Venecia, le dijo a Blu Radio que la finca llegó a producir 20.000 arrobas de café trillado para Holanda y Estados Unidos, y que lo de la panela cubría los gastos. Caracol repite ese testimonio. Es la palabra de un habitante, no un corte de caja.

Patiño también cuenta que el sábado se recogían las fichas y se pagaban en pesos, y que en el pueblo se compraba con ellas y devolvían sencillo. Si eso fue así, la ficha de La Amalia salió del comisariato y entró al comercio de Venecia. Muchas familias las guardaron como recuerdo. Esta vitrina todavía no tiene una.

Sociedad del Zancudo, Titiribí

El Zancudo fue la gran empresa minera de la Antioquia del siglo XIX. El Colombiano recuerda los billetes de cincuenta centavos y de un peso, impresos por la American Bank Note Company de Nueva York, con el retrato de Carlos Coriolano Amador y la promesa de pagar al portador en las oficinas de Titiribí y Medellín. Numista lista el peso como billete local, sin fecha (1882), P# S909, N# 502776. No es una pieza de Notofilia.

El mismo diario fecha en 1888 la quema pública de esos billetes en el parque de Berrío, ante el alcalde de Medellín, cuando el gobierno de Carlos Holguín dejó la emisión como privilegio del Banco Nacional. La Ley 25 de 1923 no fue la que los retiró. Antes está la Ley 46 de 1898, que prohíbe la emisión y la circulación de billetes de bonos particulares y de cualquier documento destinado a sustituir el papel moneda, y también las libranzas de los gobiernos seccionales. El papel privado y la ficha de hacienda no corrieron la misma suerte: la ficha siguió.

Manuelita, Palmira

La enciclopedia Banrepcultural recuerda que en 1864 se remataron las haciendas La Rita y La Manuelita, de la familia de George Henry Isaacs, padre de Jorge Isaacs, y que las compró Santiago Eder. La empresa fecha en 1901 su primera fábrica a vapor, capaz de moler 50 toneladas de caña al día, y la llama la segunda de Suramérica. El corte de esa caña pidió cuadrillas. Las fichas de ingenio que Henao cataloga en el Valle incluyen las del Ingenio San José. Esta página no identifica una pieza de Manuelita en la colección.

Viotá y el Tequendama

En Cundinamarca las fichas cafeteras suelen ser sobrias, de cobre o de latón, con las iniciales del dueño o el nombre de la hacienda. Viotá quedó después en el conflicto agrario de los años treinta. La Ley 200 de 1936, del gobierno de Alfonso López Pumarejo, reconoció la posesión de buena fe de quien explotaba la tierra. La parcelación disolvió muchas de las haciendas que habían emitido fichas. Al municipio se le quedó el apodo de Viotá la Roja.

Zona bananera del Magdalena

La United Fruit Company llevó el vale y el comisariato a otra escala. Jorge Enrique Elías Caro cuenta que los salarios se pagaban en vales para que la compra saliera de los comisariatos de la compañía, y que esos almacenes vendían hasta un 20 % más barato que los tenderos de la zona, para sostener el jornal en tiempos de carestía. Los comerciantes de Ciénaga y las casas de Barranquilla perdían ese mercado. Por eso empujaron a que el pliego pidiera el fin de los vales. No es el mismo relato de la tienda cara: aquí el archivo habla de mercancías más baratas que las del tendero y de una caja que no soltaba moneda.

Otras regiones

También hubo emisores en Santander, el Eje Cafetero, el Tolima y las zonas mineras del Chocó y del nordeste antioqueño. Panamá, colombiana hasta 1903, entra en la primera edición de Henao. The E-Sylum lo anota en julio de 2004: el libro, salido el otoño anterior, cubre las fichas del istmo de cuando todavía era Colombia.

Los vales en la protesta

Pagar con vales no fue solo un arreglo de caja. En el Magdalena, quitarlos fue una de las peticiones de la huelga de 1928.

Ciénaga, 1928

Elías Caro fecha el paro el 12 de noviembre de 1928, con más de 25.000 trabajadores que se negaron a cortar fruta. El pliego, de nueve puntos, se aprobó el 6 de octubre en la asamblea de la Unión Sindical de Trabajadores del Magdalena. Pedía seguro colectivo obligatorio, reparación por accidentes, habitación higiénica y descanso dominical remunerado, un aumento del 50 % para quien ganaba menos de 100 pesos al mes, la supresión de los comisariatos, el fin de los préstamos en vales, el pago semanal, la abolición del sistema de contratistas y un mejor servicio de hospital.

La compañía rechazó el pliego. En la madrugada del 6 de diciembre el Ejército disparó contra los huelguistas en Ciénaga. El número de muertos sigue sin fijarse: las fuentes que recoge Elías Caro van de un centenar a más de mil, y no concuerdan. Gabriel García Márquez recreó la noche en Cien años de soledad. Elías Caro pide no tomar la novela como el acta de lo ocurrido.

De la ficha a la tierra

En las haciendas cafeteras de Cundinamarca y del Tolima, las luchas de antes de 1930 pedían sobre todo mejor jornal y menos rigor en el reglamento. En los años treinta el conflicto pasó a la propiedad. La Ley 200 no prohibió la ficha: deshizo muchas de las haciendas que la emitían, al reconocer a quien ocupaba y trabajaba la tierra de buena fe.

La misión Kemmerer no prohibió la ficha

La misión de 1923 creó el Banco de la República y le dio el monopolio de los billetes. No eliminó las fichas de hacienda. Esas siguieron hasta que el derecho laboral las nombró, en el código de 1950, vigente desde 1951.

Quiénes vinieron

A comienzos de los años veinte el fisco estaba desordenado, y en 1922 quebró el Banco López. Pedro Nel Ospina contrató una misión dirigida por Edwin Walter Kemmerer, profesor de Princeton. El volumen de diarios del Banco de la República nombra, junto a él, a Howard M. Jefferson en banca, a Fred R. Fairchild en tributación, a Thomas R. Lill en contabilidad y a Esteban Jaramillo como asesor jurídico.

Las ocho leyes

De diez proyectos, el Congreso aprobó ocho. La lista es la de Credencial Historia y la del tomo de diarios del Banco:

Leyes de 1923 salidas de los proyectos de la misión Kemmerer.
LeyMateria
Ley 20Papel sellado y timbre nacional
Ley 25Banco de la República
Ley 31Número y nomenclatura de los ministerios
Ley 34Formación y fuerza restrictiva del presupuesto
Ley 36Administración y recaudo de rentas
Ley 42Contabilidad oficial y Departamento de Contraloría
Ley 45Establecimientos bancarios y Superintendencia Bancaria
Ley 46Títulos negociables

La Ley 42, artículo 82, rige desde el 1 de septiembre de 1923. Ese día empezó a funcionar la Contraloría.

Qué hizo de verdad la Ley 25

El artículo 16 le dio al Banco, por veinte años desde el registro de la escritura, el derecho exclusivo de emitir billetes, en pesos oro del peso y de la ley del Código Fiscal. Tres precisiones importan para no confundir esa ley con el fin de las fichas.

  • Solo billetes. La acuñación siguió en el Ministerio de Hacienda. En la vitrina de Colombia-Numismática queda la doble fecha de la Casa de Bogotá: 1946 en la cronología del Banco y 1942 en el catálogo de la exposición de 1996.
  • Sin curso forzoso en 1923. El artículo 17 decía que nadie estaba obligado a recibir los billetes, aunque eran moneda legal para efectos penales y las tesorerías públicas debían aceptarlos mientras el Banco los cambiara por oro o por giros.
  • La Ley 82 de 1931, artículo 7, reescribió ese artículo: mientras el cambio siguiera, los billetes tendrían poder liberatorio ilimitado para toda deuda, salvo pacto en contrario. Poder liberatorio no es curso forzoso. El curso forzoso es la suspensión del reembolso en metal. La ficha de hacienda no está en ninguno de los dos textos.

El código de 1950

El Código Sustantivo del Trabajo sí nombra las fichas. No en los artículos 57 ni 59 como norma de pago, sino en el título de los salarios.

Cómo se expidió

El Decreto 2663 del 5 de agosto de 1950, bajo estado de sitio, expidió el código y lo puso a regir el 1 de enero de 1951. El Decreto 3743 del 20 de diciembre de 1950 lo modificó y mandó una edición oficial con la numeración seguida. La Ley 141 del 16 de diciembre de 1961 adoptó como leyes los decretos de estado de sitio dictados entre el 9 de noviembre de 1949 y el 20 de julio de 1958, en lo que leyes posteriores no hubieran cambiado.

Los artículos que importan

Artículos del código que le quitan a la ficha la función de salario.
ArtículoQué dispone
134El salario en dinero se paga por períodos iguales y vencidos, en moneda legal. El jornal, a más tardar cada semana.
136«Prohibición de trueque». Prohíbe pagar el salario en mercancías, fichas u otros medios semejantes. Admite como parte de la remuneración el alojamiento, el vestido y la alimentación del trabajador y de su familia.
137El empleador solo puede vender mercancías o víveres si el trabajador es libre de comprar en otra parte y si las condiciones de venta son públicas.
59, numeral 2Prohíbe obligar, de cualquier forma, a comprar en almacenes o proveedurías del empleador.
149Prohíbe descontar el salario sin orden escrita del trabajador para ese caso, o sin mandamiento judicial. Entra ahí la deuda de la tienda.

El 136 es el que dice «fichas». El 59 y el 137 desmontan el comisariato obligatorio. El 149 impide cobrar la tienda por la puerta de atrás del descuento. Con eso la ficha dejó de ser salario y pasó al mostrador del coleccionista.

Catálogos

La obra de referencia es Fichas de Colombia, de Ignacio Alberto Henao Jaramillo. The E-Sylum da la primera edición por salida a finales de 2003, con Panamá incluida. La segunda edición es de 2021: el blog de Henao corrige piezas «reportadas en la segunda edición».

El catálogo ordena por uso —haciendas, comercio, industria, minería, teléfonos, clubes, casinos, transporte— y, dentro de cada uso, por emisor en orden alfabético. Cada entrada trae anverso, reverso, descripción, diámetro, peso y un grado de rareza. También trae una cotización de referencia. Aquí no se republica.

En el blog, con aportes de otros coleccionistas, quedan correcciones que esta página toma del propio blog y no midió de nuevo:

  • TEL 041-1, 041-2 y 041-3, fichas de larga distancia de la Empresa de Teléfonos de Bogotá. José Serna: 28,9 mm y 9,2 g; 24,4 mm y 6,3 g; 19,8 mm y 3,5 g.
  • IND 064-1 e IND 064-2, dos reversos de la ficha «1 TA» del Ingenio San José, acuñados en Medellín según el blog. En la 064-1 el cóndor tiene las alas largas, casi al borde; es la rara. En la 064-2 las alas son más cortas, y es la común.
  • IND 030-1, una ficha que el blog vincula a la Compañía Industrial Unida de Cigarrillos de Medellín, antecesora de Coltabaco.

Al lado de Henao, el coleccionista usa a Jorge Emilio Restrepo, Coins of Colombia —Numista cita la 4.ª edición, de 2012— para situar las emisiones privadas junto a la moneda oficial, y el catálogo de Enrique Bernal, Fichas de Colombia en la serie Numismalia. El propio Henao tiene un libro de billetes del Banco de la República, 1923–2006, útil para el papel que ocupó el lugar del billete privado. No se publican tiradas ni cotizaciones de esos libros.

Para quien las busca

Casi nunca hay un registro de cuántas se hicieron. Las emisiones eran cortas, y muchas piezas se perdieron por la humedad, el trabajo en el campo o porque el emisor las recogió. Hallarlas con el relieve entero es difícil. Esta vitrina no tiene todavía una ficha de hacienda fotografiada. Las coscojas de Santander son otra cosa: moneda de necesidad de 1902, latón de casquillos, no salario de hacienda.

Copias, fantasías y reacuñaciones

Cuestan poco de fabricar y no hay un registro oficial contra el cual cotejarlas. Conviene separar tres casos:

  • Falsificación: copia de una pieza que sí circuló, a menudo fundida y no acuñada.
  • Fantasía: una pieza inventada, con nombre de hacienda real o ficticia, que no circuló.
  • Reacuñación: una pieza hecha después, con cuños originales o copiados.

Cómo mirarlas

  1. Compare diámetro, peso y metal con Henao. Una diferencia grande es una alerta.
  2. Mire la superficie con lupa. La fundición deja poros, bordes blandos y detalles empastados que el cuño no produce.
  3. Busque un desgaste coherente: el relieve alto más gastado, pátina natural, orificios con el borde usado.
  4. Desconfíe de una pieza presentada como rara y sin desgaste, sobre todo donde nadie responde por la autenticidad.
  5. Pida procedencia, y compre a quien garantice la pieza.

Dónde ver colecciones

El Banco de la República tiene el Museo Casa de Moneda en Bogotá, Calle 11 n.º 4-93. La Sala de Patrimonio Documental de EAFIT guarda el fondo de La Amalia (1927–1932). La historia impresa del Zancudo está en El Colombiano y en los boletines que citan la Biblioteca Luis Ángel Arango. Ninguna de esas salas queda aquí identificada como dueña de una ficha concreta de esta página.

Tres cierres, no uno

La ficha de hacienda cuenta el paso de un dinero fragmentado a una moneda nacional y a un salario que la ley exige en moneda legal. Nació porque el Estado no alcanzaba a proveer menuda. Sirvió para pagar, y también para retener. Terminó en el centro de la huelga bananera de 1928.

El camino legal tiene tres escalones, y no hay que fundirlos. El papel privado quedó fuera con el privilegio del Banco Nacional —El Colombiano fecha la quema del Zancudo en 1888— y con la Ley 46 de 1898. El monopolio de billetes del Banco de la República es la Ley 25 de 1923, y el poder liberatorio amplio llega con la Ley 82 de 1931, sin tocar la ficha. La prohibición expresa de pagar salarios con fichas es el artículo 136 del código de 1950, en vigor desde el 1 de enero de 1951.

Hoy esas piezas de latón, aluminio y vulcanita se leen como documentos. El trabajo de Henao, de Restrepo, de Bernal y de quienes corrigen el catálogo en el blog es lo que permite nombrarlas sin inventarles un tiraje.

Fuentes

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