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Cacique Calarcá: Trascendencia Numismática

En 1952 el diez centavos dejó la plata, pasó al cuproníquel y puso el perfil de Calarcá en la menuda. La fecha corriente se acuñó por millones. La pieza que llaman Baltasar sigue sin veredicto.

Revisado por
Yezid Acosta
Lámina con dos monedas de 10 centavos de 1952 marca B: a la izquierda el retrato llamado Baltasar y a la derecha la acuñación corriente de Calarcá, y debajo los reversos con las armas y la fecha
Seis diferencias que la lámina marca entre el retrato escaso y la acuñación corriente. No es una ficha de la colección.

En 1952 el diez centavos colombiano cambió de metal y de rostro. Hasta entonces la denominación era plata de ley 0,500, con el busto de Francisco de Paula Santander. Ese mismo año la Casa de Moneda de Bogotá acuñó, además, una pieza de cuproníquel con el perfil del líder pijao Calarcá. La fecha corriente de ese tipo nuevo salió por millones. La que los coleccionistas llaman Baltasar, o indio diferente, todavía no tiene un veredicto de autenticidad.

Esta nota no es una ficha de la colección. La lámina compara dos retratos de 1952 con marca B. Las tiradas que siguen son de catálogo. El cuadro anual de moneda del Banco de la República que guarda este archivo empieza en 1987 y no alcanza esta fecha.

El nombre que quedó en el metal

Calarcá entra en las crónicas de la resistencia pijao a principios del siglo XVII, en la campaña del presidente de la Real Audiencia Juan de Borja. Sobre su muerte conviven dos relatos, y no dicen lo mismo.

El de la leyenda es un duelo con Baltazar, jefe coyaima bautizado y aliado de los españoles, a veces situado en Peñas Blancas. Jaime Lopera Gutiérrez lo trata como leyenda. Manuel Lucena Salmoral lo dijo en corto en 1962: Calarcá no murió a manos de Baltazar. La ficha de Numista (se abre en una pestaña nueva) del tipo de cuproníquel todavía resume esa pelea.

El Quindiano (se abre en una pestaña nueva) (26 de junio de 2024) recoge la otra versión a partir de Lopera y de fray Pedro Simón, Noticias historiales, tomo VI. En el valle de Chaparral, Calarcá y el indio Coyara asaltan el fuerte del capitán Diego de Ospina. En el forcejeo, Ospina le dispara al pecho. Simón escribe que murió al quinto día y que su gente mantuvo la muerte oculta más de dos meses. Lopera apoya ese relato en un informe de servicios de Ospina, de 1650, citado como Archivo Nacional de Colombia, Miscelánea 73, folio 190. Esta página no ha abierto ese folio. Cita el reportaje y las ediciones que él nombra: Simón, Biblioteca Banco Popular, 1981, páginas 411 a 414; Lopera, La colonización del Quindío, Banco de la República, 1986; Lucena Salmoral, Boletín Cultural y Bibliográfico, volumen V, número 10, 1962.

El mismo reportaje anuncia, para una entrega siguiente, la tesis de que «Calarcá» fue una dignidad guerrera y no un nombre propio. Aquí no se da por cerrada. La moneda, como Simón, lo presenta como cacique.

Radio Nacional de Colombia (se abre en una pestaña nueva) (16 de enero de 2022) recuerda que el municipio de Calarcá, en el Quindío, se fundó en 1886 con ese nombre. El mismo texto sitúa la moneda a finales de la década de 1960. El catálogo no. El tipo empieza en 1952 y la última fecha es 1966.

De la plata al cuproníquel

El diez centavos anterior es otra pieza. Numista N# 10912 (se abre en una pestaña nueva) lo registra como KM# 207 y Restrepo 379: plata 0,500, 2,50 g, 18 mm, canto estriado, años 1945-1952, anverso con Santander. En 1952 todavía se acuñó esa plata: 1.060.000 piezas, KM# 207.2, que Numista concuerda con Restrepo 379.10 y Hernández 416. No lleva a Calarcá.

El tipo nuevo es Numista N# 5094 (se abre en una pestaña nueva): KM# 212.1 y 212.2, Schön 31, Restrepo 380, cuproníquel, 1952-1966. Numista atribuye las dos caras al grabador Luis Alberto Acuña Tapias. El anverso lleva las armas, la leyenda REPUBLICA DE COLOMBIA —sin tilde, como va en el cuño— y la fecha al pie. El reverso lleva DIEZ CENTAVOS y, bajo el corte del cuello, CALARCÁ, de perfil a la derecha, con tocado de plumas.

La marca B es la Casa de Moneda de Bogotá. Bernardo González White, en una nota de diciembre de 2014 que publicó Cristina Martín San Roque en El Salón de Cris (se abre en una pestaña nueva), la sitúa entre la base del escudo y la fecha. Escribe que dejó de usarse como marca ordinaria desde 1956. Numista coincide en lo grueso: la gran tirada de 1956 va sin B, y aparte lista una 1956 B sin cifra de acuñación. Esa nota de 2014 no es una fila del catálogo de billetes de González White de 2019, y aquí no se le asigna un BG#.

Parámetros del 10 centavos de 1952 B. Diámetro y tirada, en Numista y en González White (2014). El grosor es la cifra de tipo de Numista, no una medida publicada aparte para el módulo de 18 mm.
Característica1952 B
MetalCuproníquel
Peso2,50 g
Diámetro18,0 mm (KM# 212.1, Restrepo 380.1). Desde 1954, 18,5 mm (KM# 212.2)
Grosor1,31 mm en la ficha de tipo de Numista
CantoEstriado
AlineaciónMoneda (↑↓)
Tirada de catálogo6.035.000

Esos 6.035.000 son la fecha corriente, no la variante. El otro año de módulo pequeño, 1953 B, figura en Numista con 6.985.000. González White anota que no hubo fechas de 1957 ni de 1958. La lista de Numista tampoco las trae. La última fecha del tipo es 1966.

En esa nota de 2014, González White da otras cifras redondas —unos 36 millones para 1956 y para 1959, y 61,7 millones «en 1963»— que no cuadran con la tabla actual de Numista: 1956, 77.705.000; 1959, 36.653.000; y 61.672.000 corresponde a 1964, no a 1963. Para esas fechas posteriores se sigue Numista. Para el diámetro de 18 mm, el lugar de la B y la variante, se sigue la nota de 2014.

Baltasar, o el indio diferente

La fecha de 1952 se hizo famosa por otro cuño. González White escribió en diciembre de 2014 que la autenticidad de esa «variedad» seguía sin concepto claro. Podía ser una prueba salida de la Casa de Moneda, o una falsificación de la época. La llamó Baltasar, o indio diferente. Han pasado más de setenta años desde la fecha de la moneda, y la nota no cierra el caso. Esta página tampoco.

El apodo «la Cotuda», por el bulto del cuello, circula en el habla de coleccionistas. No está en la nota de 2014, y no es el rótulo de la lámina. La lámina dice «Baltasar» a un lado y «acuñación normal» al otro.

González White añade un detalle que la lámina no muestra. Conoce dos piezas con el reverso invertido, y no son iguales: una tiene el 9 de la fecha abierto y la otra el 9 cerrado, con otras diferencias menores en los números. Escribe que la primera quedó en la colección de JFK y la segunda en la de ERM, coleccionistas ya fallecidos. No publica los nombres completos. Aquí no se inventan.

Lo que marca la lámina

La comparación de arriba no es el texto de González White. Es una lámina de Notofilia sobre dos retratos de 1952 B —las caras, en el habla corriente— con los reversos de armas debajo. Señala seis diferencias. Se leen como observaciones de diseño, no como un dictamen de laboratorio.

Diferencias que nombra la lámina. El color es una observación visual: no hay aquí un análisis de la aleación.
DetalleAcuñación corrienteRetrato llamado Baltasar
CuelloLaringe fina, cuello estrechoBulto marcado en la parte frontal del cuello
AreteJunto a la mejillaMás separado del contorno del rostro
LeyendasTrazos más delgadosLetras más gruesas, en el contorno y en la fecha
MandíbulaCurva suaveÁngulo más rígido
Cabello y cintaTrazo más nítido; la cinta sigue el cráneoCabello más plano; la cinta no se integra igual con las plumas
ColorTono del cuproníquel de la pieza corrienteLa lámina lo ve distinto. Puede sugerir otra mezcla. No está ensayado aquí

Sin precio en esta página

Numista, Foronum y las guías de precio publican bandas para la fecha corriente. No se copian. Para la variante Baltasar, las fuentes revisadas no dejan un martillo público que esta página pueda citar. Un precio pedido en un video no es un remate. La política editorial pide esa distinción, y pide no convertir en lote de subasta un texto que no muestra el lote.

La pieza de millones y el retrato discutido no se miden con la misma vara. Compartir el año 1952 y la marca B no las vuelve el mismo cuño.

El diez centavos de cuproníquel metió un líder indígena en la menuda de todos los días, en el año en que esa denominación dejó la plata —sin que la plata de Santander desapareciera del todo: los dos metales llevan fecha de 1952—. El Baltazar de la leyenda y el «Baltasar» del coleccionista comparten un nombre. No comparten la misma clase de prueba. Uno es un relato sobre el siglo XVII. El otro es un cuño del que González White no quiso decir si salió de la ceca o de un taller clandestino.

Más moneda colombiana, de las macuquinas al peso, está en la vitrina de numismática de Colombia. El estudio de la moneda, aparte del papel, está en el glosario.

Fuentes primarias

Política editorial, fuentes y valoración

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